Este año se publicaba en Nature un nuevo estudio
de Robert Wayne y Melissa Gray (Universidad de California) que
afirmaba, una vez más, que la cuna del perro fue el Oriente Próximo,
algo que, efectivamente, ya se había dicho desde hace décadas. En esta
ocasión, este estudio desmentía lo que afirmó otro realizado en
Stockholm, Suecia, sobre que el origen del perro estaba en China y que
había un ancestro común para perro y lobo. Por lo visto, la diferencia
entre ambos estudios estriba en que el último ha estudiado los
marcadores del genoma externo y el otro estudió una pequeña secuencia
del ADN mitocondrial.
El nuevo estudio comparaba casi un millar de perros de casi un centenar de razas y un par de cientos de ejemplares de lobo de razas de todo el mundo. Los perros comparten más marcadores genéticos con los lobos de Oriente Próximo (Irak, Siria, Jordania, Líbano). El estudio sueco quería hacernos creer que los primeros perros pudieron ser animales usados como alimento, lo que es más que absurdo… ¿imagináis a los hombres de entonces comiendo otros predadores en vez de ungulados y otras presas?...
Este estudio, como digo, no es nuevo para los cinólogos y para los que al perro nos dedicamos de una forma u otra. En Oriente Próximo surgió lo que conocemos como “civilización”, y ésta viene unida indisolublemente al perro y, antes, al lobo ¡sí, es así por muchas razones!; otro día os las contaré. Wayne y Gray estudiaron la variante de un gen que determina el tamaño, por eso de buscar la explicación sobre el origen lupino de perros del tamaño de una ratita…
Pues bien, éste gen está relacionado con el lobo, como siempre se había dicho y yo mismo he publicado varias veces.
El gen mutó, como es lógico y también dije yo en distintas publicaciones, después de la domesticación de los perros. Posiblemente no tardó mucho por conclusiones a las que han llegado estudiando este gen.
Debido
a la protección humana, sobreviven muchas mutaciones que de otra forma
no sobrevivirían y además los animales domésticos ya de por sí tienen un
mucho mayor índice de mutación por la variabilidad de su medio, así que
es muy fácil la aparición de diversas características morfológicas en
los perros que les van alejando de las características naturales
originales: fijáos que perros como los de las fotos que os pongo tienen
su origen en el lobo y, en realidad ¡son la misma especie! ¿no parece
increíble que esos dos perros de la foto siguiente sean la misma
especie?.
Los
animales, al ser domesticados, tienden, genéticamente, por mutaciones y
en un relativamente corto espacio de tiempo, a disminuir su tamaño
corporal. Esto ocurre no sólo con perros.
Volviendo al asunto temporal, hay restos arqueológicos bien conocidos desde hace mucho, que muestran al perro con el hombre, ¡al perro!, en estrecho contacto, hace 12.000 añazos. Y perros aún más antiguos se han visto en registros arqueológicos eurosiberianos, con 13.000 y hasta 31.000 años. Y hay estudios y evidencias arqueológicas que indican que lobo y hombre tuvieron
relación desde hace 200.000 años. Es decir, ya antes de existir el Homo sapiens.
El nuevo estudio comparaba casi un millar de perros de casi un centenar de razas y un par de cientos de ejemplares de lobo de razas de todo el mundo. Los perros comparten más marcadores genéticos con los lobos de Oriente Próximo (Irak, Siria, Jordania, Líbano). El estudio sueco quería hacernos creer que los primeros perros pudieron ser animales usados como alimento, lo que es más que absurdo… ¿imagináis a los hombres de entonces comiendo otros predadores en vez de ungulados y otras presas?...
Este estudio, como digo, no es nuevo para los cinólogos y para los que al perro nos dedicamos de una forma u otra. En Oriente Próximo surgió lo que conocemos como “civilización”, y ésta viene unida indisolublemente al perro y, antes, al lobo ¡sí, es así por muchas razones!; otro día os las contaré. Wayne y Gray estudiaron la variante de un gen que determina el tamaño, por eso de buscar la explicación sobre el origen lupino de perros del tamaño de una ratita…
Pues bien, éste gen está relacionado con el lobo, como siempre se había dicho y yo mismo he publicado varias veces.El gen mutó, como es lógico y también dije yo en distintas publicaciones, después de la domesticación de los perros. Posiblemente no tardó mucho por conclusiones a las que han llegado estudiando este gen.
Los
animales, al ser domesticados, tienden, genéticamente, por mutaciones y
en un relativamente corto espacio de tiempo, a disminuir su tamaño
corporal. Esto ocurre no sólo con perros.Volviendo al asunto temporal, hay restos arqueológicos bien conocidos desde hace mucho, que muestran al perro con el hombre, ¡al perro!, en estrecho contacto, hace 12.000 añazos. Y perros aún más antiguos se han visto en registros arqueológicos eurosiberianos, con 13.000 y hasta 31.000 años. Y hay estudios y evidencias arqueológicas que indican que lobo y hombre tuvieron
relación desde hace 200.000 años. Es decir, ya antes de existir el Homo sapiens.
En
fin. Lo que quiero recordar es, en resumidas cuentas, que el perro, y
mucho más como hoy le conocemos, tiene su origen en la compañía con el
ser humano, en una selección, tanto si fue pretendida como si no. El
perro es y siempre fue un animal doméstico. Conserva, por supuesto, las
raíces conductuales de su antepasado salvaje, con sus correspondientes
adulteraciones, pero nunca vivió como él. Esto es más que evidente y es
muy importante para comprender al perro y su relación con el ser humano.
Últimamente he leído teorías muy “facilonas” pero sin ninguna base
sólida ni lógica.
El nuevo estudio de la Universidad de California viene también a subrayar lo que es lógico contra las suposiciones meramente hipotéticas como la de Coppinger que, con todos mis respetos, no comparto y que os voy a dejar aquí ya que tengo un vídeo a mano. Si queréis véis los vídeos y los voy a comentar debajo.
El nuevo estudio de la Universidad de California viene también a subrayar lo que es lógico contra las suposiciones meramente hipotéticas como la de Coppinger que, con todos mis respetos, no comparto y que os voy a dejar aquí ya que tengo un vídeo a mano. Si queréis véis los vídeos y los voy a comentar debajo.
Coppinger opina que los humanos no pudieron adoptar cachorros de lobo y que los lobos se transformaron en perros por sí mismos y sin intervención humana directa (aunque sí indirecta). Dice que el cachorro de lobo ha de ser adoptado antes de los 13 días de vida y que más tarde no puede ser “domesticado”. Esto, rotundamente, no es así, puesto que el troquelado en el cachorro de lobo, de hecho, dura hasta el mes y medio e incluso hasta los dos meses de edad. Hay muchos cachorros, y son de hecho la mayoría de los nacidos salvajes y posteriormente troquelados de los que yo haya tenido constancia, que fueron adoptados después del primer mes de edad. De todas formas, la limitación temporal del proceso neurológico del troquelado no es matemática. Según Coppinger, los hombres del Mesolítico no podían criar cachorros tan pequeños. Una teoría demasiado débil.
Coppinger dice que, analizando el comportamiento de los perros que viven en basureros, encuentra las claves de cómo pudieron sobrevivir los canes cuando el hombre se hizo sedentario. Esta es una hipótesis realmente débil y arriesgada. Según él, los hombres del Mesolítico dejarían residuos de los cuales vivirían ciertos grupos de lobos y los menos tímidos para vivir más cerca del hombre, fueron los que pudieron vivir de las basuras. Coppinger debe imaginar tremendos basureros humanos ya hace 10.000 años. Yo no.
Y habla, sorprendentemente, de dos grupos genéticos: los que huían del hombre y los que no. Esto es una insensatez puesto que en la timidez al hombre juega un importante papel el troquelado (un lobo troquelado es tan cercano al hombre como un perro) y la timidez (o la “distancia de fuga” como se dice en el documental) genética es dominante en los perros y es una de las características genéticas del temperamento contra la que luchamos todos en la selección de los perros. Es decir, no tiene nada de particular: cualquier perro no troquelado tiene la misma timidez al hombre que un lobo; cualquier lobo troquelado puede ser tan cercano al hombre como un perro; y, por último, cualquier perro puede ser genéticamente tan tímido como un lobo.
Cuenta que el “protoperro” evolucionaría sólo por dedicarse a carroñear restos humanos. En fin, si esto fuera así ya habrían surgido bastantes “especies” nuevas a partir del lobo o bastantes “protoperros” puesto que hay poblaciones de lobos salvajes que, desgraciadamente, viven en lugares muy humanizados a costa de carroñas e incluso de vertederos. ¡Y no digamos de zorros!. Según todo esto, parece que el perro no es un predador y están bien equivocados ¿o no?.
Dimitri
Belayev, en un experimento que realizó en los 50 con zorros árticos en
cautividad, comenzó seleccionando para la cría los más dóciles
descartando a los que tenían carácter agresivo (por otra parte, no
cuenta si esta agresividad hacia él, que se limitaba a introducir una
mano enmangada en la jaula, estaba o no influenciada por una falta de
impronta al ser humano). Esto no es nada sorprendente. El carácter se
hereda como el color de los ojos. Y, efectivamente, lo que le sorprendió
fue que empezaron a aparecer nuevas variedades de color en el pelaje de
los zorros; pero esto tampoco es tan sorprendente. Desde luego, cuando
está seleccionando una serie de características, permitiéndose
(queriéndolo o no) que sobrevivan mutaciones (unas manifestadas
fenotípicamente y otras no), es sencillísimo que aparezcan nuevas
variedades en pocas generaciones y estas se vayan diversificando.
Incluso aparecieron orejas caídas, según cuenta, lo que también es
perfectamente viable. Así sucedió con el perro. Y con los conejos. Y con
las ovejas, los caballos, las vacas y todos los animales domésticos. Se
atreve Coppinger a decir que Darwin estaba equivocado; decir eso es
tremendamente insensato. Dice que estaba equivocado porque la aparición
fenotípica de estas mutaciones fue muy rápida y según Darwin habría
tenido que ser paso a paso. Creo que Coppinger debería de leer mejor lo
que Darwin escribió para no hacer interpretaciones alocadas de lo que el
gran sabio contó.
Y no es que la selección de la docilidad como carácter genético repercuta en el aspecto general del animal. Cierto es que muchos genes van unidos a otros, y que incluso genes que determinan colores van unidos a vías metabólicas que pueden afectar al tamaño o al temperamento (y esto se conoce como "efectos pleiotrópicos"), y por ahí hay algún estudio que muestra alguna relación genética entre el pelo largo y una osamenta más poderosa en el pastor alemán e incluso particularidades del carácter; pero el ser más dócil o menos (en lo que al componente estrictamente genético se refiere y no hablemos ya de la influencia del medio) no va intrínsecamente unido a ninguna característica morfológica. Lo que sucede es que, como comenté antes, la propia selección (en este caso de la docilidad, pero bien podría haber sido de cualquier otra característica psíquica o física, como por ejemplo, la no-docilidad mismamente) y la propia protección proporcionan un ambiente idóneo para la aparición de muchas mutaciones que se manifiestan fenotípicamente. Seguramente, de haber seleccionado lo contrario (la agresividad o la no-docilidad) habrían aparecido cambios morfológicos, posiblemente los mismos. Los criadores de perros saben bien de qué estoy hablando.
Y no es que la selección de la docilidad como carácter genético repercuta en el aspecto general del animal. Cierto es que muchos genes van unidos a otros, y que incluso genes que determinan colores van unidos a vías metabólicas que pueden afectar al tamaño o al temperamento (y esto se conoce como "efectos pleiotrópicos"), y por ahí hay algún estudio que muestra alguna relación genética entre el pelo largo y una osamenta más poderosa en el pastor alemán e incluso particularidades del carácter; pero el ser más dócil o menos (en lo que al componente estrictamente genético se refiere y no hablemos ya de la influencia del medio) no va intrínsecamente unido a ninguna característica morfológica. Lo que sucede es que, como comenté antes, la propia selección (en este caso de la docilidad, pero bien podría haber sido de cualquier otra característica psíquica o física, como por ejemplo, la no-docilidad mismamente) y la propia protección proporcionan un ambiente idóneo para la aparición de muchas mutaciones que se manifiestan fenotípicamente. Seguramente, de haber seleccionado lo contrario (la agresividad o la no-docilidad) habrían aparecido cambios morfológicos, posiblemente los mismos. Los criadores de perros saben bien de qué estoy hablando.








Buddy en 1937, ya mayorcita. 
Hoy quiero recordar a otro de esos héroes caninos. Como Turco, también era un labrador retriever.
Cuando sucedió el atentado del World Trade Center, Jake fue enviado
allí como perro especializado en la búsqueda de personas sepultadas bajo
escombros. Fue en aquél lugar, la Zona Cero, donde muchos perros, como
el mismo Track y éste Jake, demostraron ser héroes y, arriesgando su
vida y dañando su salud a veces de forma irreparable, salvaron muchas
vidas humanas.
En
numerosas catástrofes intervino el olfato irreemplazable de Jake y ese
afán por agradar a su guía, amiga, madre, compañera inseparable, Mary
Flood. Juntos, en armonioso equipo, salvaron muchas vidas. Tras el
Huracán Katrina y el Huracán Rita, en 2005, allí estuvieron. Jake fue
condecorado, como lo fue Track. Fue reconocido como héroe, laureado y
homenajeado. Y no era para menos porque Jake, como lo fue Turco, cuya
historia os conté en una ocasión, también fue un perro abandonado; un
perro de la calle.
Con
10 meses de edad vagabundeaba, desahuciado, abandonado por su dueño,
herido por todo el cuerpo, con una pata rota y la cadera dislocada. Su
dueña, Mary, que trabajaba en Utah en un equipo de rescate, lo sacó de
un refugio aún con la cadera dañada y le entrenó llevándole a superar la
certificación estadounidense de "perro de rescate de las Montañas
Rocosas", siendo certificado como perro de avalancha, de búsqueda en
grandes áreas y en agua. Y, de esta forma, de ser un perro abandonado y
maltratado inmisericordemente por humanos, se convirtió en un salvador
de vidas humanas de prestigio mundial. Y no sólo eso, sino que además
Jake trabajó como perro de terapia asistida. Desde 1997 a 2006 prestó
sus insustituibles servicios a esta labor de salvar vidas buscando gente
perdida en la naturaleza, en grandes áreas salvajes, para la Federal
Emergency Management Agency, aunque también en escombros y, por
añadidura, ayudando con su apoyo en terapias. 
Diversas
organizaciones conservacionistas que luchan a favor del oso y del lobo
están ya regalando mastines a los ganaderos que habían olvidado su uso
en diferentes lugares de España. Los datos, que eran ya evidentes,
hablan por sí solos: donde los ganaderos que acusaban bajas han contado
con el mastín protector, las pérdidas han descendido de 23 cabezas a 7
anuales, según la Fundación Oso Pardo. Es esta y sólo esta la solución
para suavizar el conflicto del ganadero con el lobo. Es el mastín,
primo, descendiente, enemigo del lobo, su máximo guardián.
Pero
¿qué es un buen mastín? Pues de eso quería yo hablar. Un mastín, por
mastín, no tiene necesariamente que ser un buen perro de protección del
rebaño. En cuanto a cualidades temperamentales genéticas, ha de ser un
perro seguro de sí mismo, dominante y combativo. Algunas veces es
suficiente el ladrido de un perro para que el lobo no se acerque al
rebaño, pero ¡ojo! ¡no siempre es así y mucho menos contra los perros
asilvestrados! no se puede permitir que luego haya lloros porque los
lobos atacaron al rebaño e hirieron a los perros. Esto sucede, sí,
cuando no son buenos perros. Si hay mastines dominantes y combativos, no
habrá lobo ni perro que entre en el rebaño. Y esto os lo aseguro. En
cuanto a sus cualidades físicas, ha de ser fuerte, poderoso, alto, de
gran cabeza, lo que no es por estética sino porque impone muchísimo a
aquél cánido que quiera emprender la empresa de atacar su rebaño, y debe
de estar dotado de un buen movimiento (nada de cojeras por displasia de
cadera o cualquier otra). Y, algo de importancia vital, ha de haber
sido troquelado en el seno del rebaño.
Era
el último gran guerrero de un lugar poblado de lobos donde vivía con el
rebaño y el pastor. Aquél pastor, amigo mío, que poco después de esa
foto, desgraciadamente, dejó su vida en el campo de forma inesperada.
Los mastines no se quedaron con él cuando esto sucedió sino que
acompañaron al rebaño a casa, cumpliendo su oficio, para protegerlo. Con
el pastor quedó, eso sí, el perro careador, tumbado a su vera. Aquél
mastín de la foto, del que no voy a contar nada más aquí, luchó muchas
veces con el lobo y de esos encuentros llevaba marcadas sus cicatrices.
El mejor mastín que he conocido para el lobo, sin ninguna duda; y he
conocido muchísimos. Diferente, sí, a los mastines de las exposiciones
de belleza. Muy diferente. Poderosísimo, imponente. Dominante y
vigilante. Cuando caminaba tras el rebaño, su movimiento era tan fluído
que parecía volar sobre la hierba, con aquél paso amplio, suelto,
poderoso. Todos le temían y todos le admiraban. Me contaba Gonzalo
tantas historias y me contaba lo orgulloso que estaba de aquél perro, y
me contaba lo importante que era para su vida. Hoy el redil está vacío.
La hierba crece aún alimentándose del abono de sus ovejas. La silueta
del gran guerrero no se diluye ya más en la niebla de esos amaneceres.
Más sentí yo la desaparición de mi amigo, al que vi por última vez irse
con el rebaño, para siempre. Pero eso es otra historia.










Empezaré por la de este border collie,
llamado Hunter, de la Taks Force Kanina estadounidense, entrenados por
la National Disaster Search Dog Fundation, única ong de EEUU donde se
entrenan perros bomberos.
Este
perro, como muchos otros han hecho, señaló a su dueño, Bill, el punto
exacto donde latía la vida humana bajo los escombros. Y allí había,
enterradas, 3 niñas aún con vida, pudiendo ser rescatadas. 

Se
recuperó física y mentalmente. Era un perro noble y juguetón como
pocos; nadie puede entender cómo pudo ser abandonado y maltratado como
lo fue.
Y
sucedió la tragedia de Haití. La intervención más exigente que un perro
de rescate pueda haber experimentado. El día anterior había hecho una
exhibición a temperaturas bajo cero en Castilla y León y ahora estaba en
el Caribe a 39º y en unas condiciones durísimas e inimaginables,
trabajando 16 horas diarias incluso con réplicas de terremotos, inmerso
todo en la tragedia real tras un viaje de avión de 12 horas en ayunas.
Su compañero de aventura era y es Dopy, un golden retriever ya veterano. Entre los dos han encontrado y salvado la vida de 18 personas en Haití.
Fue
aquél equipo el que encontró al niño Redjeson, de dos años de edad, que
estaba abrazado al cuerpo de su abuelo muerto, sepultado bajo los
escombros de la casa, milagrosamente vivo.
¿Qué habría sucedido si TURCO no hubiera tenido la suerte de ser encontrado por gente de corazón?